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lunes, 11 de febrero de 2013

El próximo Papa podría ser un latinoamericano

CIUDAD DEL VATICANO (AFP)

El sucesor del papa Benedicto XVI, que renunció este lunes inesperadamente por "falta de fuerzas", podría ser un latinoamericano y hablar español o portugués.

La elección del nuevo Papa, que deberá realizarse a mediados de marzo según las normas del código canónico, está llena de incógnitas.

El peso de América Latina, de donde proviene uno de cada dos católicos en el mundo (unos 500 millones sobre 1.200 millones de creyentes) será pues determinante en la elección y debe reforzar las posibilidades de que el nuevo Papa sea oriundo de la tierra de donde son originarios la mayoría de los católicos.

Benedicto XVI al decidir dimitir a su cargo, envió un mensaje claro a la jerarquía de la Iglesia: "Hay que ceder el paso, que se vayan los viejos", sostiene el vaticanista Marco Politi.

"La iglesia necesita gente joven", dice el experto al enumerar los numerosos problemas y escándalos que marcaron el papado del Pontífice alemán sumado a la apretada agenda de trabajo para una persona anciana, de 85 años.

En el abanico de 'papables' o candidatos a suceder a Benedicto XVI figuran también africanos, estadounidenses y asiáticos.

"Los papables, según la tradición de la iglesia, están en general por encima de las partes, ni continuistas, ni adversarios", recuerda un veterano experto en esos temas, Filippo Gentiloni, quien repite un viejo dicho italiano: "Quien entra al Cónclave como Papa sale cardenal".

En la danza de nombres y conjeturas que se hacen sobre el sucesor muchos tienen en cuenta ahora las cifras.

El colegio cardenalicio, que deberá elegir al sucesor del primer pontífice alemán de la era moderna, está formado por 118 cardenales con derecho al voto, es decir con menos de 80 años de edad.

La mayoría de esos purpurados (67) fueron designados por Benedicto XVI, 51 recibieron el birrete cardenalicio de manos de Juan Pablo II y casi todos pertenecen a corrientes conservadoras dentro de la Iglesia.

De 118 electores, 62 son europeos, de los cuales 28 son italianos.

Arriba,izq-dch: Claudio Hummes (Brasil),Óscar Andrés Rodrigues (Honduras),Jorge Mario Bergoglio (Argentina),Norberto Rivera (México),Joao Braz de Aviz (Brasil),Luis Antonio Tagle (Filipinas) y Peter Turkson (Nigeria). Abajo,izq-dch:Cristoph Schonborn (Austria),Peter Erdoe (Hungría),Angelo Scola (Italia),Marc Ouellet (Canadá),Francis Arinze y John Onaiyekan (Nigeria) y Timothy Dolan (EEUU).

En total 19 provienen de América del Sur, 14 de América del Norte, 11 de África y 11 de Asia, y uno solo de Oceanía.

Al menos tres latinoamericanos, entre ellos, el hondureño Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga, arzobispo de Tegucigalpa, actual presidente de Caritas Internationalis, la mayor organización caritativa de la Iglesia, figuran en la lista.

Rodríguez Maradiaga es el típico exponente de la nueva jerarquía eclesiástica del continente, capaz de luchar por las desigualdades sociales y al mismo tiempo muy conservador en temas doctrinales.

Brasil, el país con el mayor número de católicos en el mundo, cuenta con dos 'papables': los cardenales Claudio Hummes y João Braz de Aviz, quien goza de enorme prestigio por su personalidad moderada al gobierno de la influyente Congregación para los Religiosos.

En el perfil del próximo pontífice entra una personalidad con mucho peso dentro de la jerarquía vaticana por el alto rango que ocupa: el cardenal canadiense Marc Ouellet, prefecto de la Congregación para los Obispos, quien conoce bien América Latina, habla perfectamente español y fue rector en Colombia de un seminario.

Como es tradición, el arzobispo de Milán (norte de Italia), a cargo de una de las diócesis más influyentes, el cardenal Angelo Scola, también figura en la lista de "papables".

"No elegirán un papa negro, ni un latinoamericano", aseguró a AFP el veterano vaticanista Sandro Magister, quien ve con buenos ojos en el trono de Pedro al cardenal italiano de Milán, así como al canadiense.

Pero la elección de un italiano, que por siglos aseguraron la mediación entre corrientes internas, podría ser descartada en cambio por los "electores" debido a las riñas y duros enfrentamientos de los últimos años, denunciados a través de documentos filtrados a la prensa con el escándalo 'Vatileaks'.

Entre los posibles sucesores figuran también purpurados con poca experiencia en el terreno diplomático pero que trabajan directamente con los fieles.

Entre ellos el cardenal filipino Luis Antonio Tagle, de 55 años, carismático y dinámico, así como el africano de Ghana, Peter Turkson, prefecto del Consejo Pontificio 'Justicia y Paz'.

El retrato del futuro Papa, que deberá gobernar a la sombra de Benedicto XVI, algo inédito, deberá corresponder a una suerte de "conservador moderno", capaz de realizar importantes reformas y a la vez resistir a los rápidos cambios y exigencias del mundo moderno.

Mientras tanto, las apuestas se multiplican sobre su sucesor.

Según la agencia de prensa italiana de juegos y apuestas Agipro News, los 'bookmakers' británicos apuestan por un duelo entre Italia y África, a los que la agencia Paddy Power da respectivamente 2,75 y 3,00.

Un duelo confirmado por la lista de nombres que circulan: el cardenal nigeriano Francis Arinze lidera con 2,90, seguido del ghanés Peter Turkson con 3,25 y el canadiense Marc Ouellet (6,00).

El primer italiano es el arzobispo Angelo Scola (8,00), seguido del cardenal secretario de Estado Tarcisio Bertone, actual número dos del Vaticano.

Lo que sí es posible es que la iglesia escoja a uno relativamente joven que sepa lidiar con el apoyo de la curia romana.

Para saberlo habrá que esperar que el humo blanco suba de la Capilla Sixtina y las campanas de la iglesias de todo el mundo anuncien 'Habemus Papam'.

"Sorpresa" y "respeto" tras el anuncio de dimisión del Papa

BERLÍN (AFP)

Los dirigentes políticos y religiosos internacionales expresaron este lunes sorpresa y sobre todo "respeto" por la decisión del papa Benedicto XVI de dimitir a causa de su avanzada edad, de 85 años.

La canciller alemana, Angela Merkel, fue una de las primeras en reaccionar, manifestando su "mayor respeto" por su compatriota.

"Si el propio Papa, después de reflexionar, ha llegado a la conclusión de que sus fuerzas ya no bastan para ejercer la función, merece mi mayor respeto", afirmó Merkel ante la prensa en Berlín.

"Cuando fue elegido Papa hace ocho años, estábamos orgullosos en Alemania de nuestro compatriota, el primero desde hace un siglo en la función de Papa", añadió Merkel a propósito de Benedicto XVI, nacido Joseph Ratzinger en 1927 en Baviera, en el sur de Alemania.

La canciller, hija de un pastor protestante, destacó que el Santo Padre "llegó al corazón de la gente" en sus visitas a su país natal, el último de ellos en septiembre de 2011.

El primer ministro británico, David Cameron, estimó que Benedicto XVI le faltará "como líder espiritual a millones de personas" y le dirigió "sus mejores deseos".

Conforme al laicismo de las instituciones francesas, el presidente del país, François Hollande, calificó la decisión de "eminentemente respetable".

"La República saluda al Papa que toma esa decisión, pero no tiene por qué hacer más comentarios sobre lo que compete ante todo a la Iglesia", añadió.

El presidente italiano, Giorgio Napolitano, consideró que el obispo de Roma dio prueba de "una extraordinaria valentía y de un sentido de la responsabilidad extraordinario".

La decisión fue "histórica", según Julia Gillard, primera ministra australiana. "Cuando fue elegido, Joseph Ratzinger dijo que quería 'ser un simple obrero en la viña del Señor', y con esta dimisión, ha demostrado todo el alcance de esta humildad".

El presidente estadounidense, Barack Obama, mostró este lunes su aprecio al Papa y ofreció plegarias en nombre de todos los estadounidenses. "Michelle y yo deseamos expresar nuestra aprecio y plegarias a su santidad Benedicto XVI", dijo Obama en una declaración escrita, señalando que su esposa guarda un cálido recuerdo de su reunión con el Papa en 2009.

"La Iglesia juega un papel decisivo en Estados Unidos y el mundo, y le deseo lo mejor a los que pronto se reunirán para elegir al sucesor de su santidad el papa Benedicto XVI", agregó el presidente.

Del lado de las autoridades religiosas, el secretario del obispado de Polonia, monseñor Wojciech Polak, calificó de "gran sorpresa para todos nosotros" el anuncio del Papa, a pesar de que "Benedicto XVI había reflexionado en numerosas ocasiones sobre la cuestión de si, a causa de su avanzada edad, le quedaban fuerzas suficientes para asumir correctamente su función de sucesor de San Pedro".

La Conferencia Episcopal Venezolana dijo que la renuncia es un "buen ejemplo" para el mundo porque demuestra que el pontífice no busca "el poder por el poder", mientras la Iglesia uruguaya afirmó que el Papa pasará a la historia como una "mente brillante" que iluminó al mundo con su "sabiduría".

La conferencia episcopal mexicana consideró que fue una "decisión honesta", e invitó "a todos los católicos de México" a recibirla "con la oración".

Los obispos españoles dijeron sentirse "como huérfanos", y la conferencia episcopal de Estados Unidos saludó su defensa de "las verdades eternas" y sus advertencias "contra la dictadura del relativismo".

Por su lado, las víctimas irlandesas de abusos sexuales por parte de religiosos celebraron la renuncia del Papa, después de que "no hiciera nada" para castigar a los responsables.

El Gran Rabino askenazí de Israel, Yona Metzger, consideró que Benedicto XVI mejoró las relaciones entre el cristianismo y el judaísmo, contribuyendo a "una disminución de los actos antisemitas en el mundo".

"Bajo su autoridad, las relaciones entre el Gran Rabinato y la Iglesia, entre el judaísmo y el cristianismo, se hicieron más estrechas, lo que condujo a una disminución de los actos antisemitas en el mundo", dijo a AFP un portavoz del Gran Rabino.

"Comprendió que la negación del Holocausto por parte de líderes de la Iglesia no podía quedarse sin respuesta", apuntó por su lado el presidente del Congreso Judío Mundial, Ronald S. Lauder. Benedicto XVI reconoció el error tras levantar la excomunión de cuatro obispos integristas, uno de ellos negacionista, Richard Williamson.

La Iglesia Ortodoxa rusa se proyectaba ya en el futuro, afirmando que no espera "cambios radicales en la política del Vaticano o en su actitud hacia las Iglesias ortodoxas".

El líder espiritual de los Anglicanos, Justin Welby, declaró que sentía "gran pesar" por el anuncio de la dimisión, pero una "total comprensión", destacando "la dignidad", la "clarividencia" y "la valentía" del obispo de Roma durante su pontificado.

Los fieles se quedan atónitos en San Pedro

CIUDAD DEL VATICANO (AFP)

La incredulidad y la sorpresa reinaban este lunes en la plaza de San Pedro en el Vaticano tras la inesperada e histórica renuncia del papa Benedicto XVI, quien dejará el papado el 28 de febrero.

"Estoy sorprendido, creí que iba a permanecer más tiempo", confesó un joven turista neozelandés que estaba por casualidad cerca del columnado de la explanada cuando se conoció la noticia.

"No sé las razones de la renuncia pero es sorprendente", aseguró una alemana, de 38 años, que viaja con un grupo de compatriotas del pontífice. "Es verdad, está viejo", comentó, recordando que "también la reina Beatriz abdicó a los 75 años", rememorando el debate en Alemania que suscitó tal decisión.

"No sé si es buena o mala noticia, pero es un gesto interesante", sostiene Olaf, un turista sueco.

"Debe tener sus buenas razones, creo debe tener problemas de salud", comenta Paolo, un portugués.

Entre los italianos circula desde hace meses rumores sobre la posible enfermedad de Benedicto XVI, quien aparece más flaco.

"Dicen que todas las semanas se somete a exámenes en un hospital romano", cuenta una señora en uno de los bares de la avenida que conduce a la basílica.

Benedicto XVI, de 85 años, quien tiene problemas cardíacos, admitió en su declaración de renuncia que no tiene "las fuerzas" para seguir gobernando a los más de 1.200 millones de católicos en todo el mundo.

"Estoy sorprendido. Asisto a un momento histórico", comentó un turista portugués quien considera "extraño" que haya renunciado por razones de salud.

"Estoy muy turbado por esta noticia inesperada", afirmó por su parte el jefe de Gobierno italiano, Mario Monti, al margen de un congreso en Milán (norte).

Para Giuseppe Di Capo, un jubilado italiano, un Papa "no renuncia así no más", confiesa incrédulo.

"Es un golpe", agregó.

Un estudiante francés, que se encontraba visitando la basílica, sospecha que los escándalos, filtraciones de documentos confidenciales y peleas internas hayan pesado en la decisión del Papa.

"Es increíble, una locura", sostiene el joven.

"Espero que el próximo Papa sea negro y venga de un país emergente como Brasil", pide otro joven francés, quien considera que el próximo pontífice debe ser más joven y conectado con las redes sociales.

Los italianos, que no cuentan con un Papa desde 1978, esperan regresar al trono de Pedro, que no ocupan desde 1978.

"Debe ser un italiano, llegó la hora", sostiene Giuseppe Di Capo, con tono nacionalista.

La inédita campaña papal acaba de iniciar y la lista de candidatos no se conoce aún.

Un pontificado atravesado por una crisis de confianza

CIUDAD DEL VATICANO (AFP)

Los ocho años de pontificado de Benedicto XVI habrán quedado marcados por una grave crisis de la Iglesia contemporánea, a la que le cuesta encontrar su espacio en el mundo occidental, el descrédito de los abusos sexuales y el escándalo 'Vatileaks'.

Cuando el bávaro Joseph Ratzinger accedió a la cabeza de la Iglesia Católica el 19 de abril de 2005, las revelaciones sobre los escándalos de pedofilia por parte de religiosos ya habían hecho correr ríos de tinta en Estados Unidos.

Años después, en 2008, fue el primer Papa en manifestar su "vergüenza" y reunirse con víctimas de abusos.

Pero las revelaciones continuaron en 2009, conociéndose cientos de casos en Irlanda y otros países europeos, y más tarde en América del Norte y América Latina. La protección de sacerdotes pedófilos por parte de la jerarquía aumentó el escándalo.

A Benedicto XVI se le acusó de no haber hecho lo suficiente durante los 24 años que pasó al frente de la Congregación para la Doctrina de la Fe. No obstante, reconoció los "pecados" de la Iglesia y emprendió una operación de limpieza que se concretó con la dimisión de decenas de obispos.

Benedicto XVI es además el primer pontífice que admite el uso del preservativo en casos muy limitados para evitar la difusión del sida.

No obstante, al igual que su predecesor Juan Pablo II se mantuvo inflexible sobre las cuestiones morales. En nombre de la defensa de la vida, mantuvo la condena del aborto, las manipulaciones genéticas, la eutanasia y el matrimonio homosexual. La postura ha provocado una incomprensión profunda de las tesis de la Iglesia en Occidente.

Y es que según él, el cristianismo sólo será creíble si es exigente. Benedicto XVI prefiere una Iglesia minoritaria y convencida a una comunidad de fe vaga.

A lo largo de su papado prefiere rodearse de prelados cercanos y de doctrina firme, antes que de cortesanos. Se mantiene alejado de las intrigas de la Curia, pero al final se ve alcanzado por éstas.

'Vatileaks', un sonado escándalo de fuga de documentos confidenciales en el Vaticano, que dio lugar al arresto y condena de su mayordomo personal, Paolo Gabriele, revela las tensiones sobre numerosos asuntos, entre conservadores y progresistas, tradicionalistas y modernistas, y partidarios de la transparencia y del secreto.

En cuando a las reformas internas, Benedicto XVI se muestra muy reservado y cierra la puerta a toda evolución sobre el celibato de los sacerdotes.

Benedicto multiplica los gestos hacia los tradicionalistas y abre las puertas a los anglicanos conservadores, opuestos a la ordenación de mujeres y homosexuales.

Los ocho años de pontificado de Benedicto XVI habrán quedado marcados por una grave crisis de la Iglesia contemporánea, a la que le cuesta encontrar su espacio en el mundo occidental, el descrédito de los abusos sexuales y el escándalo 'Vatileaks'.

También acentúa el diálogo con los ortodoxos, sin ocultar sus divergencias fundamentales con los protestantes.

El sucesor de Pedro prosigue el diálogo interreligioso. Con el islam, que irritó con unos comentarios sobre religión y violencia en un discurso en Ratisbona en 2006, el diálogo será a veces difícil. No obstante, multiplica los llamamientos a la coexistencia entre católicos y musulmanes.

Con el judaísmo prosigue la línea de proximidad de Juan Pablo II, aunque la causa de la beatificación del papa Pío XII, contestada por su actitud durante la Segunda Guerra Mundial, crea cierta irritación.

Ferviente apóstol de la paz en Oriente Medio, Benedicto XVI defiende la creación de un Estado palestino junto al de Israel, y se moviliza por los cristianos de Oriente.

El Cónclave y la renuncia del Papa

CIUDAD DEL VATICANO (AFP)

Cuando el jefe de la Iglesia Católica muere o renuncia "pública y libremente", decisión que ha anunciado este lunes Benedicto XVI, su sucesor es elegido por los cardenales reunidos en cónclave en la Capilla Sixtina, en donde permanecen aislados del mundo.

Benedicto XVI, en un gesto histórico, anunció este lunes su renuncia "en plena libertad" al ministerio de Obispo de Roma, sucesor de San Pedro, que le fuera "confiado por medio de los Cardenales el 19 de abril de 2005", como requiere el código canónico.

Tales normas prevén el fallecimiento del Papa o su renuncia.

"No se requiere que sea aceptada por nadie, dado que no tiene superior en la tierra", precisa el código.

El próximo 28 de febrero de 2013, a las 20.00 horas, la sede de San Pedro quedará vacante. A partir de este momento la cuestión será irreversible.

"Una vez hecha la renuncia y manifestada, en el modo que sea, a la Iglesia por el Romano Pontífice queda vacante (la sede pontificia) y no puede volverse atrás", subraya el código canónico.

Las cardenales entrarán en cónclave 15 días mínimo o 20 días máximo después de la dimisión, precisó el portavoz del Vaticano, padre Federico Lombardi.

En dos mil años de historia, la Iglesia Católica ha modificado muchas veces las modalidades de designación de un Papa antes de llegar a la fórmula actual del cónclave.

La intervención de reyes, de influyentes familias e incluso de ejércitos en la elección de los Papas llevó a Nicolás II a reaccionar publicando en 1060 la bula In Nomine Domini.

Ese texto codificó la elección de los Papas y determinó en forma duradera que la elección sea reservada exclusivamente a los cardenales.

El poder de los cardenales no ha sido afectado en ninguna de las decenas de modificaciones que fueron realizadas después.

El 21 de noviembre de 1970, Pablo VI definió las características actuales del colegio electoral: La edad límite de un cardenal para participar en una elección es de 80 años y el número máximo de cardenales electores es 120.

La Basílica, en concreto la Capilla Sixtina, será escenario de un nuevo cónclave de los cardenales, que aislados del mundo elegirán al sucesor del papa Benedicto XVI.

Juan Pablo II confirmó estas normas en febrero de 1996 en su constitución apostólica "Universi Domini Gregis".

En los últimos años, debido a la internacionalización creciente del colegio de cardenales, se ha vuelto cada vez más difícil prevenir el resultado de un cónclave.

A comienzos del siglo XX, las tres cuartas partes de los cardenales eran italianos: 31 sobre 41 y de los 10 restantes 9 eran de otros países europeos.

Después del consistorio de 1991 los cardenales europeos dejaron de controlar la mayoría del cónclave.

La elección de un Papa debe desarrollarse al margen de toda presión en un cónclave (cum clave : con llave), que les garantiza estar cortados del mundo externo.

Ese aislamiento existe desde 1271 cuando en Viterbo (Italia), los cardenales no lograban ponerse de acuerdo para nombrar a un Papa y los católicos los encerraron con llave manteniéndolos a pan y agua para incitarlos a decidir más rápidamente.

El elegido, Gregorio X, convirtió esa práctica en regla, con excepción del pan y el agua.

Actualmente, los cardenales electores permanecen igualmente aislados, pero asistidos por un cocinero y un médico.

Juan Pablo II decidió en febrero de 1996 que los grandes electores podrán utilizar una residencia muy cercana a la basílica San Pedro capaz de albergar a los 120 cardenales en pequeños apartamentos con todas las comodidades.

Hasta el cónclave de 1978, los príncipes de la Iglesia eran instalados en el palacio apostólico en condiciones muy poco confortables.

Los cardenales no tienen derecho a votar por ellos mismos y cada uno debe jurar que respetará el secreto del voto y aceptará el resultado.

El voto tiene lugar en la Capilla Sixtina con dos escrutinios matinales y dos vespertinos.

Las papeletas de voto son quemadas y el cardenal elegido es aquél que obtiene la mayoría.

Cuando ese resultado se consigue, el decano de los cardenales le pregunta al elegido si acepta y, en caso afirmativo, éste queda automáticamente nombrado Papa y su jurisdicción se extiende de inmediato a todos los católicos del mundo entero.

El nuevo Papa debe entonces anunciar el nombre que escoge como pontífice.

El resultado de las votaciones es luego comunicado a través de una humareda a las masas de católicos que esperan en la Plaza de San Pedro: Humo negro quiere decir que no ha habido electo y humo blanco indica que hay un nuevo pontífice, "Habemus Papa".